Información completa de la obra: El bastardo de Castilla

TÍTULO:
El bastardo de Castilla
TEMA PRINCIPAL:
Triunfo de Bernardo del Carpio en Roncesvalles
LUGAR PRINCIPAL:
LEO
LUGARES SECUNDARIOS:
Burgos, Bribiesca, Sierra de Orbión, Castillo del Carpio, La Rioja, San Esteban de Gormaz, Duero, Pisuerga, Palencia, Peñaranda, Miduerna, Río Ezla, Mansilla, Zamora, Río Orbigo, Castrogeriz, Castillo de Luna, Pirineos, Pancorvo, Roncesvalles
OTROS MOTIVOS:
1. Descripción del castillo del Carpio 2. Retrato de Sancho Díaz, conde de Saldaña 3. Retrato de Bernardo del Carpio 4. Descripción de los ejércitos unidos contra Carlomagno 5. Descripción de los Pirineos 6. Duelo a muerte entre Bernardo del Carpio y Roldán
APELLIDOS/SEUDÓNIMO AUTOR:
Montgomery
NOMBRE AUTOR:
Jorge
FRAGMENTO DONDE APARECE:
1. Llegando allí, vieron una fortaleza de fábrica morisca, ceñida en torno de un profundo foso, y de un alto y grueso muro, en cuyas almenas se veía relumbrar a los rayos del sol las lanzas y cimitarras de los centinelas. En cada uno de sus cuatro ángulos había una torre muy fuerte, y sobre la puerta principal otras dos más grandes, estando además la entrada con su rastrillo y puente levadizo. El aspecto sombrío e imponente del castillo infundía respeto al que lo miraba, y sus defensas parecía que desafiaban cualquier tentativa que se hiciese para tomarlo por asalto. 2. Empero pasó adelante, y llegando al cuarto embovedado, vio, a la escasa luz de una ventanilla enrrejada, a un anciano cubierto de canas, pálido, macilento, estenuado: su larga y blanca barba le llegaba a la cintura, una gruesa cadena le ceñía el cuerpo, y un banco de piedra, con mal jergón, le servía ya de cama, ya de asiento. Tenía los ojos hundidos, las mejillas y la frente llenas de arrugas, y señalado el semblant con la impresión de un dolor intenso. Pero con todo esto, las facciones de su rostro conservaban todavía vestigios de su primitiva hermosura, y cierto aire de dignidad prevalecía en su persona. 3. Su gallarda figura, su juventud y lozanía, llevan tras sí los ojos y los corazones de cuantos le miran. Quién pondera la destreza y gracia con que sujetaba su fogoso caballo; quién admira la finura y curiosa labor de sus armas, que aquel día eran negras, así como las plumas de la pomposa cimera que le coronaba el yelmo; quién, en fin, repara embelesado en aquella intrepidez de alma que anuncian sus ojos con un mirar entre fiero y amoroso. 4. Las fuerzas reunidas de tres ejércitos, desplegados en aquella vasta llanura, ofrecían un espectáculo majestuoso e imponente. Las espesas columnas del rey cristiano y los lucidos batallones de Marsilio y Almanzor, cubriendo un espacio inmenso, se extendían hasta perderse de vista. El estandarte respectivo de los tres monarcas descollaba majestuosamente sobre las enseñas inferiores; y veíase tremolar el león de Castilla junto a las lunas del sarraceno: veíase relumbrar a los rayos del sol millares de lanzas y corazas, y mezclados yelmos cristianos y turbantes moros, relucir el campo todo con armas, galas y trofeos. 5. Todo allí era grande, sublime y pintoresco; enormes peñascos y pelados riscos que se presentaban bajo diversas y fantásticas formas, y parecían elevarse hasta las nubes; profundos barrancos y derrumbaderos, que amenazaban con la muete al que diese un paso falso; y espesos matorrales donde el peludo oso y el sanguinario lobo tenían sus guaridas. A veces se estrechaba el camino, y conducía por parajes donde de la una parte se elevaba una muralla natural, que parecía tajada a cincel, y de la otra bostezaba un espantoso precipicio a cuyos pies se veía espumear y agitarse un torrente: otras veces guiaba al través de una empinada y frogosa cuesta, o bien formando una pendiente rápida, parecía conducir a los abismos. Veíase descollar en los valles la robusta encina, el enhiesto pino, y el lúgubre ciprés, y blanquear en las alturas la perpetua nieve que los coronaba. De cuando en cuando, al encumbrar una elevación, dominaba la vista, por una parte, las tierras de Navarra, y por otra, las campiñas de Gascuña: veíanse bosques, ríos y montañas, en orden confuso, collados cubiertos de tamariscos y lavándula, y vastas llanuras que se extendían hasta el horizonte. La serenidad y pureza de la atmósfera, embalsamada por las hierbas olorosas que abundan en aquellos sitios, añadían al placer que causaban estas escenas encantadoras, e inspiraban aquella dulce melancolía que suspende la imaginación y adormece los sentidos. 6. Roldán, de la misma suerte que un león acosado por los cazadores, revolvía de cuando en cuando, hacía morder la tierra a seis u ocho, y proseguía su retirada; pero al fin, fue alcanzado por Bernardo, que le tiró la lanza, y le arrancó parte del coselete. "¡Temerario!", gritó el héroe francés, volviendo como vívora pisada, "¡Yo soy Roldán!" "¡Yo soy Bernardo del Carpio!", replicó el bastardo, y cerrando uno con otro los dos guerreros, trabaron entre sí una pelea tan reñida, que mirándola los soldados de ambas partes, suspendieron sus propias contiendas; y por ser espectadores, dejaron de ser enemigos. Con el ruido de las fieras cuchilladas que se daban parecía el campo una herrería, y tal era la viveza con que menudeaban los golpes, que la vista más aguda no era capaz de seguir el movimiento de las armas. Veíase salir de las espadas centellas, y volar por el aire plumas, galas y pedrería; pero tan fina y bien acerada era la armadura de entrambos caballeros, que aun después de pelear buen rato ninguno se hallaba con herida. Al fin, la suerte se declaró en favor de Bernardo, pues alcanzando este a su enemigo en la parte donde tenía falseado el coselete, le hirió gravemente, y por primera vez se vio correr la sangre de Roldán, tenido por invulnerable. Admirado y enfurecido el paladín, al mirarse ensangrentado, suelta la espada, y aferrando con ambas manos su enorme hacha, la levanta en alto en ademán de hendir a su contrario hasta la cinta. Pero Bernardo, aprovechando el momento en que Roldán tiene las manos levantadas para descargar el golpe, le dirige la espada por debajo de un brazo, y se la clava hasta la guarnición. En tan riguroso trance probó Roldán a ctocar su corneta, y se la llevó a la boca, mas no la pudo hacer sonar, porque de todo punto le habían faltado las fuerzas y el aliento, y ninguno osó acudir a su socorro. Reculando algunos pasos, cayó al pie de una peña; un sudor frío le cubrió la frente, se le ofuscó la vista, y tras de un profundo suspiro voló su alma a reunirse con su Criador. ¡Así se eclipsó la gloria de la cristiandad, la honra de los franceses, la flor de la caballería!
VARIANTE DEL TÍTULO:
Bernardo del Carpio
TIPO DE PUBLICACIÓN:
Novela
FECHA:
01/01/1832
PAGINAS:
1. Vol. 1, págs. 63-64 2. Vol. 2, págs. 76-77 3. Vol. 2, págs. 102-103 4. Vol. 2, pág. 103 5. Vol. 2, págs. 109-111 6. Vol. 2, págs. 123-126
IMPRENTA:
Imprenta de I. Sancha
LUGAR DE IMPRESIÓN:
Madrid
MODALIDAD NOVELA:
Histórica
RESUMEN:
Un joven labriego llamado García salva por casualidad la vida del rey Alfonso II mientras este estaba de cacería. En agradecimiento, el monarca le ofrece la oportunidad de servir en sus filas. Tras lograr algunas hazañas en el campo de batalla, García descubre la verdad sobre su origen: él es en realidad Bernardo del Carpio, hijo ilegítimo del conde de Saldaña, Sancho Díaz, y de la infanta Jimena, hermana de Alfonso II. Poco después, el mismo rey también se entera de la identidad de García, y decide desterrarlo por su condición de bastardo. Mientras tanto, el monarca se ve lleno de presiones políticas: los musulmanes no cesan de hostigarlo, y algunos nobles que antes lo servían planean traicionarlo por pretender dar el trono a Francia, al imperio carolingio. Resuelve entonces ir a la guerra contra Francia, y para ello se alía con los musulmanes con los que antes estaba enemistado. Tras esto, celebra un torneo al que acude Bernardo disfrazado de musulmán, y demuestra gran destreza en el combate; al ver su valía como guerrero, el rey decide perdonarlo y otorgarle un rango alto dentro de su ejército. Las tropas castellanas y musulmanas parten a combatir a los franceses más allá de los pirineos, y se enfrentan en una monumental batalla en Roncesvalles. En ese momento, Bernardo logra dar muerte a Roldán, principal paladín de las huestes carolingias. El ejército de Carlomagno es derrotado, y Alfonso II acaba recompensando a Bernardo con el perdón de Sancho Díaz.
ASPECTOS FORMALES:
Es una novela histórica que sigue el modelo de Walter Scott. A lo largo de la obra se inserta la historia de Rodrigo Arias de Mendoza, un caballero que mandó asesinar a su mujer porque pensaba que le era infiel; esta otra otra narración que apenas influye en la trama principal. A grandes rasgos, la novela destaca por encontrar cierto equilibrio entre la acción y la descripción.
OBSERVACIONES:
El enlace permite acceder a una versión digitalizada del ejemplar de 1832, en la plataforma Google Play Books. Las citas provienen de ese mismo ejemplar. Se han modernizado las grafias y se han corregido las erratas.
AÑO:
1832
PERSONAJES PRINCIPALES:
Bernardo del Carpio
PERSONAJES SECUNDARIOS:
Abindarráez, alcaide del castillo del Carpio, Alfonso II el Casto, Almanzor, rey de Toledo, Álvar Fáñez, caballero de Alfonso II el Casto, Berta, esposa de Alfonso II el Casto, Carlomagno, Don Bueso, Edelfrida, dama de la corte de Alfonso II el Casto, Fernán Ramírez, conde leonés, Fortan Garcés, rey de Navarra, Gaiferos, uno de los Doce Pares, Gerardo de Rosellón, caudillo francés, Gonzalo de Benavides, Jimena, infanta de Asturias, Mahomet Alamar, caudillo de Almanzor, Marsilio, rey de Zaragoza, Oliveros, sobrino de Carlomagno, Reinaldos de Montalbán, Ricarte de Normandía, uno de los Doce Pares, Rodrigo Arias de Mendoza, Roldán (Roland), Sancho Díaz, conde de Saldaña
LUGAR PRINCIPAL:
3676
COMO CITAR:
Javier Muñoz de Morales Galiana, «El bastardo de Castilla». Proyecto I+D+i «Leer y escribir la nación: mitos e imaginarios literarios de España (1831-1879)» (Ref: FFI2017-82177-P) [fecha de consulta].

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