Información completa de la obra: La familia de Alvareda

TÍTULO:
La familia de Alvareda
TEMA PRINCIPAL:
Crimen pasional
LUGAR PRINCIPAL:
DOS HERMANAS
OTROS MOTIVOS:
1. Literatura popular. Costumbres populares. Creencias religiosas. Además de la trama pasional, interesa a la autora recoger las tradiciones y costumbres populares de la zona de Dos Hermanas en Sevilla. 2. Mitificación del pasado conquistador cristiano de los castellanos, frente a la aureola legendaria del pueblo árabe o andalusí (los moros, a los que se refiere el texto). 3. La leyenda de Don Julián y don Rodrigo y la Cava. 4. Napoleón. Valentía de los españoles frente al ejército napoleónico.
APELLIDOS/SEUDÓNIMO AUTOR:
Fernán Caballero
NOMBRE AUTOR:
No se indica [Cecilia Böhl de Faber]
FRAGMENTO DONDE APARECE:
1. «-Cuando el ángel previno al santo patriarca José que huyese a Egipto, tomó el santo su borriquito, en que sentó a la Madre y al Hijo, y se pusieron a caminar por selvas y matorrales. Estando en lo más intrincado de un bosque, la Señora tuvo miedo, porque el camino era muy lóbrego y solo, y al llegar a una cueva, salieron de ella, y se arrojaron sobre la sacra familia una cuadrilla de ladrones. Ya iban a bajar la Madre y el Hijo del jumento; pero al acercarse a ellos el capitán, que se llamaba Dimas, miró al Niño, y al mirarlo, sintió un golpe en su corazón, y volviéndose a sus compañeros, les dijo: «el que toque siquiera al pelo de la ropa de esa Señora y de ese Niño, habérselas ha conmigo», y volviéndose a los Santos Esposos, les dijo: «La noche está al caer, y viene borrascosa. Venid conmigo, y os hospedaré.» Y así sucedió. Y el bandolero les dio de comer y de beber; y los Santos Esposos admitieron lo ofrecido, puesto que Dios admite todos los sufragios de los buenos como de los malos; y así nunca dejéis de rogar, aunque por desgracia estuvieses en pecado mortal. Por eso cuando andando el tiempo fue preso y condenado a muerte el bandolero, halló misericordia y se arrepintió en la muerte de cruz, que le sirvió de espiación, como al Señor de sacrificio, se hizo cristiano, y fue el primero entre todos, que entró en la gloria, según se la prometió Cristo vertiendo su sangre por él». 2. 1. Los Alvareda en la Reconquista. En medio del espacioso patio se alzaba frondoso sobre su robusto y pulido tronco, un enorme naranjo. Un arriate circular protegía su base como una coraza. Desde infinidad de generaciones había sido este hermoso árbol un manantial de goces para esta familia. El difunto Juan Alvareda, padre de Perico, tenía la pretensión tradicional de hacer remontar su existencia a la época de la espulsión de los moros, después de la cual, según su aserto, lo había plantado un Alvareda, soldado que fue del Santo Rey Fernando; y cuando el cura, hermano de su mujer, le embromaba y daba calma sobre la antigüedad y no interrumpida filiación de su linage, respondía sin alterarse y sin que vacilase su convicción ni un instante. que todos los linajes del mundo eran antiguos, y que bien podía estinguirse la filiación o sucesión directa de los ricos; pero que semejante cosa jamás sucedía con los pobres». 3. «En tiempos cuya memoria se pierde, reinaba en España don Rodrigo, hombre licencioso. Era por entonces costumbre que todos los grandes del reino enviasen sus hijas a la corte. Sucedió, pues, que el noble conde don Julián envió allá a su hermosa hija Florinda, conocida por la Cava. Cuando el rey la vio, se encendió en amores; mas como ella era virtuosa, según a su nobleza competía, sólo debió el rey a la violencia lo que agradecer no pudo a la voluntad. Cuando la hermosa Florinda se miró deshonrada, le escribió una carta al ausente conde, con lágrimas escrita y con sangre, en que ponía: «Padre, vuestra honra y la mía están mancilladas. Más os valiera, y mejor me fuera, que me hubiéseis matado, que no enviarme aquí. Vengaos y vengadme.» Cuando el conde don Julián leyó la carta, perdió el sentido, y cuando volvió en sí, juró sobre la cruz de su espada sacar tal venganza que sonada fuera cual no otra, y proporcionada a la ofensa. A este fin trató con los moros, y les entregó a Tarifa y Algeciras. Cual río henchido que rompe sus diques, inundaron los moros la Andalucía. 2 y 3. Llegaron a Sevilla, llamada entonces Híspalis, y a este lugar, nombrado en aquel tiempo Oripo. Los cristianos, antes de huir, escondieron la venerada imagen de su patrona Santa Ana en las entrañas de la tierra. En ellas quedó quinientos años, hasta que el santo Rey Fernando se hizo dueño del país, espulsó los moros y cercó a Sevilla. Empero los moros hacían tan tenaz resistencia, que el ánimo del santo Rey empezó a desfallecer. Apareciósele entonces en sueños, en la torre hoy día derrumbada de los Herreros, nuestra Madre Santísima, animando su valor y prometiéndole la victoria. Con robustecido espíritu se volvió el santo Rey a sus reales, a Alcalá. Hizo venir todos los artífices que hallarse pudieron, y les mandó que le hiciesen una imagen en un todo idéntica a la que en sueño viera; pero ninguno atinaba; lo que entristecía en gran manera al rey. Presentáronse entonces dos bellos mozos vestidos de peregrinos, los que se ofrecieron a fabricar la imagen, en un todo conforme a la que viera el santo Rey. Hízoles éste llevar a un taller en el que hallaron cuanto para su intento habían de menester; y cuando al siguiente día el rey, estimulado por su impaciencia, entró en la estancia para ver sus adelantos, los peregrinos habían desaparecido. Intactos yacían en el suelo los materiales, y sobre un altar se veía la imagen de la Señora, tal cual al rey se le había aparecido la Santa Madre en sueños. El rey, reconociendo la intervención de los ángeles, se postró en el suelo, vertiendo lágrimas ante aquella imagen por la que tanto había ansiado, y que la misma Reina de los ángeles le enviaba por medio de éstos. Cuando el santo caudillo conquistó a Sevilla, mandó que se colocase la Virgen en un carro triunfal tirado por seis caballos blancos, siguiendo su Real Majestad el carro a pies descalzos, y la depositó en el santo templo de la catedral, en donde se venera y se venerará hasta el fin de los siglos, bajo la advocación de Nuestra Señora de los Reyes. En su capilla, a sus pies, yace el cuerpo del santo Rey. Reliquias son que bien puede envidiarle la España entera. 2. Poco después de este sucedido, se preparó el gran Rey a otro ataque, pues era grande su confianza en la ayuda del cielo. Acampó sus valientes tropas en el vecino cerro de Buena-Vista, en que se estendían a ambos lados como dos brazos para obedecerle. Pero estaban las tropas tan fatigadas y exhaustas por el calor y la sed, que tenían las fuerzas perdidas y los ánimos caídos. En este conflicto, levantó el santo Rey un altar formado con armas, y sobre él colocó una imagen de la Virgen, que siempre llevaba colgada del arzón de su silla de montar: ¡Valedme! ¡Valedme, Señora! le dijo: que si hoy alzo por vuestra ayuda y vuestro valor la cruz en Sevilla, hago voto de labraros aquí mismo una capilla, en donde se os dé culto, y de depositar en ella a vuestras plantas los estandartes con los que se haya ganado Sevilla. En el mismo instante brotó al pie del cerro una hermosa fuente de siete caños, que aún corren hoy, y lleva el nombre de la fuente del Rey». 4. «Cuando huí, prosiguió, tiré río abajo, llegué a Sanlúcar, y me embarqué para Cádiz. Allí me entré en el regimiento de Guardias, mandado por el duque del Infantado. Trabé amistad con un soldado distinguido, de buena casa, y nos queríamos como hermanos. A poco nos embarcamos para Tarifa, con el fin de que tomásemos a los franceses por la espalda, cuando los atacasen los ingleses de frente, de lo que resultó la batalla de la Barrosa, en que se huyeron los franceses a Jerez, y nos apoderamos de su campamento. -¿Vamos, le dije yo a mi amigo en medio de la pelea, vamos a quitarle a aquel francés esa águila que levanta tan erguida, y que me está dando en ojo? Vamos, dijo; y sin encomendarnos a Dios ni al diablo, dimos sobre el porta, y mi compañero le mató y quitó el avechucho. Pero a un volver de cabeza nos hallamos rodeados de franceses que querían el milano. Pero acá dijimos: de eso no ha de haber nada: camaradas, lo que es el pájaro cayó en la jaula y no ha de salir, mas que viniese Pepe Botellas o Napoladron en persona por él. Lo pusimos contra un acebuche; nosotros delante, y dijimos: ahora, venid por él... y ¡vinieron! (porque arrojados son esos demonios, más que sea por una mala causa). Mataron a mi pobre amigo, y también me hubiesen matado a mí, claro es, porque eran muchos. ¡Lo que yo sentía era el pájaro! pero estaba de Dios que ése ya no había de cantar en francés el Mambrú, porque vinieron los nuestros y los echaron. ¡Pero mal parado me dejaron, cristianos! que yo no sabía que tenía tanta sangre en mi cuerpo. Me llevaron con mi águila ante el coronel, que me dijo me había portado bien y que se me daría la cruz de San Fernando por haber cogido el aguilucho. No le cogí yo, mi coronel, le dije, sino mi amigo el distinguido, el que ha muerto... y perdí el sentido». Nota de la autora: «Este rasgo de noble y pura honradez es cierto.»
TIPO DE PUBLICACIÓN:
Novela
FECHA:
01/01/1850
IMPRENTA:
Imprenta de Mellado
LUGAR DE IMPRESIÓN:
Madrid
FUENTE DE PROCEDENCIA:
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (Alicante, 2000). Edición digital basada en la de Madrid, Imp. Mellado, 1856.
RESUMEN:
La novela narra el crimen pasional cometido por Perico en la persona de Ventura, que trata así de lavar su honor tras el adulterio cometido por su mujer, Rita. A ello sucede la huida del criminal, su afiliación a la partida del bandolero, Diego, su arrepentimiento y ajusticiamiento final.
AÑO:
1856
PERSONAJES PRINCIPALES:
Alvareda, Elvira, Alvareda, Pedro, Rita, Ventura
PERSONAJES SECUNDARIOS:
Don Rodrigo. Ver Rodrigo Flavius Rudericus Rex., Florinda. «La Cava». ?, f. s. vii – p. t. s. viii. Noble, hija del conde don Julián. También llamada Oliba, Julián, conde don. ?, f. s. VII – p. s. VIII. Conde, gobernador de Ceuta. También conocido como Urban o Ilyan., María de Padilla, Pedro I, Rodrigo. Flavius Rudericus Rex. ¿Córdoba?, f. s. VII – ¿Río Guadalete? (Cádiz), VII.711. Rey de España (710-711).
LUGAR PRINCIPAL:
6097
COMO CITAR:
Marieta Cantos Casenave, «La familia de Alvareda». Proyecto I+D+i «Leer y escribir la nación: mitos e imaginarios literarios de España (1831-1879)» (Ref: FFI2017-82177-P). [fecha de consulta].

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