Información completa de la obra: El aljibe de la gitana

TÍTULO:
El aljibe de la gitana
TEMA PRINCIPAL:
Amores trágicos de Maravilla y Diego Sarabia
LUGAR PRINCIPAL:
Granada (Granada)
LUGARES SECUNDARIOS:
Antequera, Castillo de Salobreña
OTROS MOTIVOS:
1. Descripción de Granada 2. Retrato de la gitana protagonista 3. Mentalidad de los musulmanes tras la conquista de Granada 4. Descripción de la Sierra de Granada 5. Labor de la Inquisición
APELLIDOS/SEUDÓNIMO AUTOR:
Fernández y González
NOMBRE AUTOR:
Manuel
FRAGMENTO DONDE APARECE:
1. Granada entonces era aún completamente árabe. Aún no habían tenido tiempo los conquistadores de destruirla. El Albaicín era la antigua ciudad de los creyentes, con sus estrechas callejuelas formadas por altos muros sin ventanas, ni más que allá, en lo alto, algunos estrechos ajimeces cerrados por celosías; estas casas dejaban lugar de trecho en trecho a tapias de jardines, sobre las cuales descollaban los árboles frutales, los sicomoros, las palmeras, los cipreses, los nogales, las higueras de Túnez y los azofaifos. De trecho en trecho dobles arcadas que ponían en comunicación las casas de un costado con las del otro daban a estas callejuelas tortuosas, la mayor parte de ellas sin salida, un aspecto sombrío. El pavimento no estaba empedrado, y a más los albañiles vertían sobre la calle un lodo infecto. Gran número de calles, las principales, las arterias, por decirlo así de aquel laberinto, tenían puertas forradas de hierro para la defensa en caso de una invasión del enemigo. Estas puertas, después de la conquista, habían sido quitadas para que los moros sometidos no tuviesen aquel amparo en el caso de una revuelta; pero quedaban los huecos profundos donde estas puertas se habían afianzado. Granada entonces era una acumulación de recintos dentro de recintos, de fortalezas dentro de fortalezas. Era muy común ver sobre las casas atravesado todo un barrio por muros almenados y torreados, lo que hacía de la ciudad una especie de red guerrera. Hoy todo eso ha desaparecido. Sin embargo, acá y allá, sirviendo algunas veces de cimiento a casas moderadas, se ve parte de aquellos muros rojizos. Ya del antiguo recinto exterior no quedan más que los muros aportillados del cerro de San Miguel y del de San Cristóbal, que unidos en una bella perspectiva con los restos del castillo de Hins-al-Roman dan a Granada un aspecto fuertemente romancesco, vista desde la Vega por la parte de Sierra Elvira. Aquellos muros rojizos y aportillados, aquellas torres, aquellas casas mezcladas de jardines, tendidos todo sobre montes, al pie de otros montes más altos, detrás de los cuales se recortan montañas azules, la alta Sierra-Nevada, siempre blanca, y la Vega con su variedad de matices salpicada de aldeas, maravillan, asombran, embriagan al viajero que las ve de improviso al montar una colina por cualquiera parte que se dirija a Granada. Aquella es una aparición mágica. La Damasco del Occidente es siempre la bella Odalisca querida del Profeta que diría un musulmán. 2. Maravilla, a su luz, con su espiritual y magnífica hermosura, y con su pintoresco y bello traje, inclinada anhelante al borde del camino sobre el derrumbadero, alta, esbelta y gentil, parecía un hada nocturna de la montaña. 3. Para los moros en los primeros tiempos de la posesión de Granada por los castellanos, la conquista no era una cosa definitiva. Esperaban que un día una insurrección o un poderoso socorro de África les volvieran su ciudad querida. Así es que todos los que pasaron a África se llevaron las llaves de sus casas, que conservan aún sus descendientes. ¿Dónde encontrarían hoy estos su antigua casa solar, y si subsiste aún, cómo la conocerían, y si la conociesen, dónde la puerta y las cerraduras de aquellas llaves? Y, sin embargo, se conservan aún, y los que las poseen creen, con una fe ciega, que si no ellos, sus descendientes, irán a la ciudad siempre llorada, buscarán su casa con las señas y planos y nombres que guardan en viejos pergaminos y abrirán sus puertas con aquellas llaves sagradas. 4. La noche era tibia. El ambiente perfumado. Los follajes de los árboles producían un leve murmullo. Los grillos cantaban entre la hierba y las ranas al borde de los arroyos. Esos millares de insectos que cantan o roen, o murmuran, formando todos con sus débiles ruidos ese conjunto leve que parece ser la respiración de la tierra dormida, añadían una nota levísima a la magnífica sinfonía de la noche, sobre la cual se destacaba el magnífico canto del ruiseñor. Esta sinfonía tenía un desacorde grandioso: el graznar de las águilas en lo alto de las rocas. Un riachuelo, el Beiro, despeñándose de lo alto de la inmensa cortadura, dejaba oír un ruido fresco, si se nos permite la frase, cadencioso por la repercusión del eco monótono. De tiempo en tiempo se escuchaba más allá, más lejos, el potente ladrido de algún vigilante perro de ganado. La luna esclarecía el cielo e inundaba de una dulce melancólica luz la montaña más bella que Dios ha hecho para encanto de los apasionados por lo pintoresco. La sierra de Granada. Las montañas generalmente son tristes, sombrías. Tienen el prestigio de la grandeza. Pero la sierra de Granada es alegre, graciosa, bella, artística, sin igual. En una palabra, es completamente poética. Y para que nada le falta, como para conservar la memoria del pueblo más galante, más apasionado, más poético que ha pasado por su territorio, el pueblo árabe, su altísima cabeza, esto es, el pico del Muley-Hacen, muestra siempre, aún en el período más rigoroso del verano, su blanco turbante de nieve. 5. Pero no había pensado don Diego en que había entonces sobre la tierra una justicia especial, una justicia de Dios, el Tribunal del Santo Oficio de la general Inquisición, que en vez de temer a los demonios los buscaba ansiosa para conjurarlos, a los endemoniados para curarlos, y a los que tenían hecho pacto con Satanás para quemarlos. A esta justicia le bastaban por armas una cruz, un hisopo y una calderilla de agua bendita. Armada de este modo podía meterse sin temor en el infierno, y si no se metió nunca fue porque no logró averiguar dónde estaba la puerta. El diablo es un mal sujeto, y no se deja sorprender fácilmente. La justicia ordinaria no debía tener inconveniente en meterse en el recinto maldito llevando a la vanguardia al Santo Oficio.
TIPO DE PUBLICACIÓN:
Novela
FECHA:
01/01/1872
PAGINAS:
1. 6-9 2. 42 3. 122 4. 159 5. 295
IMPRENTA:
Imprenta de Diego Valero
LUGAR DE IMPRESIÓN:
Madrid
MODALIDAD NOVELA:
Histórica
RESUMEN:
Pedro Sarabia es un poderoso capitán de los Reyes Católicos. A su vez, es también un sujeto libertino y apasionado. Deshonra y deja embarazadas a dos mujeres: una gitana y una mora; respectivamente, Jacinta y Zobeika. A esta última se la lleva consigo; pretende hacerse cargo también de su bebé, una niña a la que llama Elvira. Pero el padre de Jacinta, el tío Mastuerzo, se siente muy irritado ante el trágico destino de su hija, y se niega a resignarse a que su nieta crezca sin que su padre se haga cargo de ella. Por ello, aprovechando la corta edad de las niñas, logra intercambiar a los bebés; se queda entonces con la hija de Zobeika, y la cría como si fuese una gitana, con el nombre de Maravilla. Poco después, Pedro de Córdoba muere. Su hermano Juan se hace cargo de la hija de Jacinta, creyendo que es Elvira, y le hace creer a esta que él mismo es su padre. Los años transcurren, y Granada es conquistada. Diego Sarabia, el hijo de Juan, llega al rango de comendador de la ciudad. Elvira y él se creen hermanos, pero entre ellos comienza cierta clase de amor latente que ninguno llega a manifestar por evitar caer en un pecado incestuoso. Simultáneamente, Diego comienza un amor con Maravilla, la supuesta gitana. Gracias a Juzef, el padre de Zobeika, don Diego se entera de toda la verdad respecto a los orígenes de Elvira y Maravilla. Consciente entonces de que su supuesta hermana no es tal, emprende también una relación amorosa con ella y le jura matrimonio; comienza así con ella una relación en paralelo junto a otra con Maravilla. Un amigo de don Diego, Luis Rosales, está muy enamorado de Maravilla y se siente bastante celoso. Decide por ello destruir la relación entre los dos amantes. Con ese fin, se aprovecha de que previamente Maravilla estaba siendo buscada por la Inquisición, acusada injustamente de brujería; manda así una carta al inquisidor Torquemada alertándolo del lugar en el que la supuesta gitana y don Diego se iban a reunir en una ocasión. No contento con ello, manda también una carta a Elvira para que compruebe de primera mano que su amado Diego le es infiel. Tanto Elvira como las huestes de la Inquisición sorprenden entonces a los dos amantes. Diego entonces repudia a Elvira por sus orígenes gitanos; inmediatamente después, es asesinado por los soldados de la Inquisición. Maravilla trata de huir, y para ello se arroja por un aljibe, pero muere en el intento. Juzef, para vengar a su nieta, acaba con la vida de don Luis mediante varias puñaladas. Finalmente, Elvira se suicida en el mismo aljibe en el que había muerto Maravilla.
ASPECTOS FORMALES:
Esta es una obra más en la línea de Bernardo del Carpio o de Allah-Akbar que de las novelas propiamente folletinescas del autor. Al parecer, todas sus novelas ofrecidas al público bajo la denominación de “leyendas” narran los acontecimientos de una forma mucho más compacta y evitan caer en los excesos del folletín.
OBSERVACIONES:
El autor se equivoca en dos ocasiones a la hora de nombrar a dos de sus personajes. Utiliza, de primeras, el nombre de “Melchor Sarabia” (pp. 2-3) para referirse al personaje que en el resto de la novela va a ser llamado Juan Sarabia. Por otra parte, en otra ocasión se refiere a Elvira Sarabia como María Sarabia (pp. 148-155). El enlace se corresponde con una versión digitalizada de la obra en la plataforma Google Play Books. Las citas se corresponden con esa misma edición.
AÑO:
1872
PERSONAJES PRINCIPALES:
Diego Sarabia, Elvira Sarabia, Maravilla
PERSONAJES SECUNDARIOS:
Juan Sarabia, Pedro Sarabia, Tomás de Torquemada
COMO CITAR:
Javier Muñoz de Morales Galiana, «El aljibe de la gitana». Proyecto I+D+i «Leer y escribir la nación: mitos e imaginarios literarios de España (1831-1879)» (Ref: FFI2017-82177-P) [fecha de consulta].

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